Una vez me preguntaron a qué le tenía miedo y respondí que no sabía. Ahora lo sé: a mis recuerdos. Hace años tuve que convertirme en el ave fénix, pero mis cenizas siguen ardiendo y queman. Quizás no sea el único fénix que conozcas, pero mi historia es diferente.
«Renascar ex meis propriis cineribus».